Los grandes mitos de la higiene vulvovaginal

¿Crees que es necesario emplear jabón para limpiar bien los genitales? ¿Te parece importante tener un hábito de higiene ‘extra’ para evitar malos olores? ¿Piensas que conviene usar algún tipo de jabón íntimo especial para una zona tan delicada? 

Quizá te sorprenda saber que todos esos productos de higiene íntima “específicos” (que si pH neutro, que si jabón especial, que si es de farmacia…) con muchísima frecuencia nos crean más problemas de los que aparentemente resuelven, lo que ocurre es que casi nunca asociamos esos problemas a su uso.

Existe una oferta enorme de este tipo de productos en el mercado (para nosotras, por supuesto, porque para el pene no encontrarás a penas ninguno), pero lo cierto es que tienen mucho más que ver con un interés económico en vendernos cuantos más mejor, que con una necesidad real de precisar un producto concreto.

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Desde pequeñas vemos por la tele anunciar jabones íntimos especiales para la vulva, toallitas húmedas perfumadas con olor a jazmín y a flores, compresas y salvaslips que neutralizan el olor, incluso productos para hacer duchas vaginales (esto todavía me deja súper perpleja) y otros tantos desechables llenos de químicos de uso más o menos cotidiano que realmente no necesitamos

Toda esa publicidad, junto con la escasa-nula educación sexual, nos ha hecho creer e interiorizar que nuestros genitales son sucios, que huelen mal y que debemos tener un cuidado y una higiene extra para mantener una buena higiene corporal. Pero señoras, ¡nada más lejos de la realidad!

Entremos en materia.

La vagina y la uretra son un tipo de tejido cuya capa externa -la que vemos- es mucosa, como el interior de la boca o los ojos. Es un tejido orgánico diferente a la piel, muy suave y húmedo, que necesita mantener un grado de humedad constante para que funcione correctamente. La vagina, además de esta humedad, tiene un pH ácido característico y un conjunto de microorganismos que habitan de manera natural en ella: la llamada flora o microbiota vaginal.

Digamos que nuestra vagina es un perfecto ecosistema que combina millones de bacterias y hongos que conviven en sano equilibrio, en un ambiente ácido concreto, que en conjunto forman una barrera defensiva natural que nos protege frente a infecciones y patógenos externos.

Este ecosistema es único en cada mujer y es absolutamente necesario para mantener una buena salud vulvo-vaginal. Ahora bien, ¿qué ocurre cuando aplicamos jabón en esta zona? el jabón es una sustancia detergente abrasiva que desequilibra el pH y altera la microbiota y la mucosa de nuestra vagina, y precisamente por este motivo muchas mujeres refieren síntomas frecuentes como picor, escozor, sequedad, piel irritada, e incluso flujo más denso o con mal olor¡Qué paradoja! Empleamos jabón y más jabón cuando percibimos este tipo de signos, lo cual a su vez los perpetúa y empeora! De hecho, actualmente se considera que la ruptura del equilibrio de las bacterias de la microbiota vaginal es el pilar fundamental en la génesis de las infecciones vaginales, ¡casi nada!.

Si os fijáis, la mayoría de estos jabones presumen de tener un pH neutro, como si ello nos viniese bien (desconozco dónde se informan los fabricantes pero madre mía qué fuentes). En los últimos tiempos también han aparecido en el mercado jabones de pH’s ácidos, lo que ocurre es que dentro de esa acidez cada mujer tenemos un pH propio y único que ningún jabón va a imitar y cuyos componentes van a continuar siendo irritativos e irrespetuosos con nuestra microbiota vaginal.

En resumidas cuentas, no nos conviene emplear ningún jabón para limpiar nuestra vulva. La única excepción será por prescripción médica ginecológica como coadyuvante a un tratamiento por un problema concreto, pero que siempre será de manera puntual y temporal.

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Entonces, ¿cuál es el mejor producto para limpiar la vulva? El mejor producto, ninguno. ¿Y cómo nos limpiamos entonces? Con agua y con nuestras manos, nada más y nada menos.

Para una correcta higiene hemos de dejar caer el agua entre los labios de la vulva y pasar los dedos suavemente entre los labios, así de sencillo. Si te fijas, entre los labios internos y los externos encontramos una especie de “valle” (llamado hendidura interlabial), en este lugar concretamente se segrega una sustancia antibacteriana que nos protege llamada esmegma* que debe ser limpiada con regularidad porque si se queda más tiempo de la cuenta se vuelve irritativa y genera un olor fuerte y desagradable, de ahí la importancia de retirarla. También es importante retirar hacia atrás el capuchón del clítoris y limpiar alrededor de éste, porque debajo de esta piel que cubre el glande de nuestro clítoris también puede acumularse esta sustancia que como decimos resulta irritativa si no la retiramos. Así, todos los repliegues de la vulva quedarían perfectamente limpios y sin alterar en absoluto ni su pH ni su flora.

* El esmegma es una sustancia blanquecina antibacteriana que se segrega en los repliegues de los genitales de hombres y mujeres pero que sólo ha sido ampliamente reconocida y estudiada en el hombre (¡qué novedad!). Del mismo modo que se secreta en la hendidura balano-prepucial del pene que vemos al retirar el prepucio y descubrir todo el glande, se secreta en la hendidura interlabial entre los labios internos y externos en la vulva.

Con asearnos una vez al día es suficiente, igual que con el resto del cuerpo. No hace falta hacer lavados “extra” para una correcta higiene, ni usar toallitas que no limpian y aun encima contienen químicos que también son muy irritativos (sobre todo las perfumadas). Y lo mismo ocurre con los salvaslips, las compresas del súper o los tampones, estos desechables contienen un montón de tóxicos que son absorbidos por las mucosas y que interfieren con la microbiota y con toda nuestra salud hormonal a modo de disrupciones endocrinos (relacionados a su vez con un buen listado de problemas ginecológicos). De hecho, durante muchos años, marcas muy famosas se negaron a publicar la composición de sus productos, pero ese es otro tema del que también nos ocuparemos en otro momento.

Tampoco es necesario asearnos más cuando menstruamos, la vagina de hecho se mantiene verdaderamente limpia porque por ella fluye la descamación del endometrio que arrastra consigo todo lo que no necesitamos. La sangre menstrual no huele, lo que huele es la sangre estancada mezclada con los químicos de esos desechables. Esto es algo que se hace muy evidente cuando “te pasas” a la copa menstrual (cuyo uso por cierto recomiendo enormemente) o pruebas los salvaslips y compresas de tela de algodón sin químicos.

Tampoco conviene emplear esponjas porque en ellas se suele acumular mucha suciedad, ni muchísimo menos lavar a nivel interno, por dentro, -la vagina vaya-, ya que la vagina es el órgano con el mejor sistema de limpieza de nuestro cuerpo y no requiere ningún tipo de higiene ni de lavado por nuestra parte, ella sola se “autolimpia” (así de sabia es la jodía).

Para terminar, me gustaría romper una lanza en favor de las bragas de algodón, “las de toda la vida”, porque esto también influye directamente en nuestra salud vulvo-vaginal. Las famosas tangas, tiras, blondas, lycras, elásticos, sintéticos, bordados, lazos… nada de esto sienta bien a nuestro periné. La piel de la vulva, al igual que la piel del resto del cuerpo, necesita respirar, no tener nada que la apriete ni comprima para que la sangre circule libremente sin problemas y no se genere humedad constante en la vulva que favorezca la proliferación de bacterias hacia la uretra (cuidado con esto quienes tengan infecciones urinarias frecuentes, ¡la humedad es el caldo de cultivo perfecto para la proliferación de los bichillos!).

La mejor opción sin duda siempre son las fibras de algodón, suaves, transpirables, que no aprieten. Otra opción fantástica es dormir directamente sin ropa interior para permitir que la piel transpire cien por cien y la sangre circule sin un ápice de dificultad (además de ser un gran placer, por cierto). Imaginaos mantener una parte de vuestro cuerpo (véase una mano, un brazo, un pie, lo que queráis) constantemente cubierta día y noche, ¿a que os terminaría resultando incómodo? pues lo mismo ocurre con el periné. 

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Ahora sí, sobran las razones para replantearse el uso de químicos innecesarios -o al menos reducirlos- y pasarse al only water in the shower, algodón diurno y aire libre nocturno. Cuidemos de nuestros perinés, la salud de nuestros tejidos nos lo agradecerán. La información es poder, si te parece útil, comparte!